PAZO DE LOURIZÁN – VIAJE BOTÁNICO

El Pazo de Lourizán es un edificio modernista que se encuentra en la parroquia de Lourizán en Pontevedra y que es imprescindible visitar. En sus salones se negoció el Tratado de París en 1898 por lo que España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.

La historia de la finca se remonta al siglo XV cuando ésta era una granja. En el siglo XIX la finca es adquirida por el político Montero Ríos, que la convierte en su “casa” de veraneo. Ha sido también centro de reuniones de intelectuales y artistas. Reformado por Jenaro de la Fuente Domínguez, (arquitecto también de algunos de los edificios más emblemáticos de Vigo) entre 1879 y 1910 quien inunda el pazo de influencias de modernismo, del clasicismo y de la arquitectura francesa. Llama la atención la escalera de piedra protegida por dos estatuas que da acceso al palacio.

El edificio está rodeado de un importante jardín botánico con diferentes especies, como el cedro del Líbano, uno de los árboles más famosos del jardín, situado junto a la escalinata y la entrada principal del edificio; castaños de distintas clases; el olmo holandés; palmeras reinas o magnolias.

54 hectáreas repartidos entre jardín, finca y arboleda. Podemos encontrar siete árboles catalogados como monumentales y más de 600 muestras de camelias japónicas, datando las más antiguas del siglo XIX. En este jardín se localiza también con un hórreo de ocho pares de pies de 1798, un palomar circular, un invernadero modernista fabricado en vidrio y hierro, y fuentes como la de las Tres Cañerías o la de la Gruta de los Espejos.

En la década de 1940 la Diputación de Pontevedra compró el pazo y en 1943 se lo cedió al Ministerio de Educación donde hoy en día se imparten estudios de Forestales y se encuentra un centro de investigación. Paseando por allí, con mi escaso conocimiento sobre árboles y plantas, no paraba de imaginarme lo bonito que tendría que ser, estudiar en un sitio con este. Es un sitio que evoca a abstraerse de tanta pantalla y tanta desinformación y a concentrarse en la curiosidad y la imaginación.

El edificio está “abandonado” por lo tanto cerrado al público. Ahora, con el covid, visitar el pazo se hace un poco más complicado, los horarios para ir son más restringidos y al menos hace un par de semanas cuando fuimos a principios de septiembre el horario era tan solo de tarde.

Es un sitio que merece ser visitado, con calma, y aprovechar el enorme jardín para pasear, descubrir especies nuevas y aprovechar para llenar nuestros pulmones con un poco de aire fresco. Yo viviendo a tan solo 15 kilómetros, lo he conocido aun ahora, pero cierto es casi todo Pontevedrés ha visto en algún momento fotos, sean en la prensa, de post bodas, de sesiones de moda o de influencers. Fotográficamente, recomiendo el atardecer ya que las luces que podemos ver reflejadas tanto en el edificio como en los árboles y flores, es especial.